Continuando, el trascurso del tiempo, de las necesidades que se presentan en la vida, el escritor, en la lucha constante de escaparse de la realidad, generando un mundo propio, el cuál lo albergara y lo cobijara, para poder refugiar su creatividad literaria.
En este viaje convertido en turístico de Kafka, en un punto de Praga, más precisamente en la Casa del Barco, uno de sus antiguos hogares, Kafka, pudo ver en esos fríos inviernos, con fuertes ráfagas de un seco viento, como se daba vida al puente Checo.
Este clima, áspero y de días nublados, no eras propicios para levantar el ánimo de escritor, los cuales ayudaban a penetrar mas en esa oscura muerte, que lo amalgamaba.
Contemplado frente a la mirada fría de sus ventanas, antes de alguna mudanza próxima, el elaboraba y daba vida a su diario intimo, donde exponía todas sus angustias y fracasos, para luego trasladarlo a historias. Su única pasión era la literatura, e introducirse en ese mundo, era su verdadero placer.
En esos días de inverno, decide ir a buscar trabajo en una mutual de seguros y accidentes laborales junto a la actual plaza Wenceslao. En uno de su escritor el comentaba:
“Mi empleo me resulta insoportable porque contradice mi único anhelo y mi única vocación, que es la literatura. Dado que yo no soy nada más que literatura y no puedo ni quiero ser nada más que eso, mi empleo no podrá atraerme nunca, aunque sí puede destrozarme completamente.”
Dada, estas escrituras, es de suponer de una persona, con un hermetismo muy profundo, donde en su soledad es donde cobra vida, y una angustia profunda lo acorrala en la vida cotidiana.
Aquí también escribe “La Metamorfosis”, su relato más célebre, que tampoco resiste el tamiz de su inconformismo. “Ahora he estado leyendo en casa “La transformación” y la encuentro mala”, se desahoga. Pero no puede quitársela de la cabeza. “Pienso continuamente en el escarabajo negro, pero no escribiré”.

at 17:22
Kafka, me introduce en mi sueño, el cual no quiero recordar.