Kafka, recorriendo sus antiguos pasos de sufrimiento y dolor. Primera parte.
Marcado camino
Como todo viajante, alumbrado por el pasado de este país. Es ineludible que no se encuentren fascinado por la vida del mejor escritor del siglo XX que posee este territorio, por eso no sumergimos en este caminante sin camino.
Desde el momento que nace este brillante escritor, comienza su letargo asía su muerte. El peso de la vida lo persiguió durante el transcurso de la misma. Sus calles que lo vieron surcar, marcaron la historia de este escritor. Su muerte lo seguirá por detrás plisándole los talones, acariciando su espalda.
Su malestar diario, se pregonaba de esta ciudad que lo incomodara, y le generaban esas profundas reflexiones sobre el suicidio, al punto de reflejarlo en su literatura, deseando ansioso de liberarse de ese incómoda forma de subsistir, y formar una vida nueva en otro lugar.
Sin embargo esto malestares marcados en su vida, fueron los que le permitieron generar verdaderas obras de arte literarias, que se postularon en su póstuma muerte como verdaderos Best Sellers.
El recorrido del sufrimiento
El recorrido oscuro del escritor puede comenzar, a pocos metros de la plaza de la Ciudad Vieja, que posee el reconocido reloj astronómico y la imponente catedral de Tyn. Apocas metros, a las puertas del barrio judío se encuentra la casa del autor de “La metamorfosis” de la que solo se conserva el portal. Indicando solo una pequeña placa de bronce nos anuncia el lugar indicado del surgimiento de una de las mayores obras literarias.
Dentro de hogar
Dentro de la casa, convertida en museo, se puede encontrar rezagos del mismo, formando una pequeña exposición. A su vez, todo tipo de “merchandising” checo, como Tazas de desayuno, jarras de cerveza, calendarios, camisetas, bolígrafos, elemento que quizás le darían revueltos de estómago al mismísimo escritor.
La familia de autor, era nómade, ya que se movían de hogar en hogar. Muchas de estos puntos históricos ya no se conservan. El viajero que busque, por ejemplo, la Casa del Barco (adonde la familia Kafka se mudó en junio de 1907) en el número 11 de la antigua Niklasstrasse (hoy Parizska), a tiro de piedra del río Moldava y del Puente Checo, se dará de bruces con el lujoso Hotel Intercontinental.
La primer novela
En dicho Hotel, pero hace tiempo, más precisamente en 1912, era un edificio en alquiler, y Kafka con solo 29 años escribiría una noche de ese mismo año, su primer novela “La condena”. Escrita durante un tirón, en una catarata de creatividad, durante la noche del 22 al 23 entre las diez de la noche y las seis de la mañana.
Reflejando en su diario intimo, secuelas de esa espontánea catarsis intelectual, “casino no podía sacar de debajo del escritorio mis piernas”, que se me habían quedado dormidas de estar tanto tiempo sentado.
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