Pocas personas pueden retratar un instante, y que perdure en el tiempo. El ojo entrenado de algunos fotógrafos, marcan historia en un segundo, este grande la fotografÃa, cuenta un momento único, la invasión a Praga.
Josef Koudelka, era un fotógrafo de espectáculo, pero a partir del 20 de agosto de 1968, marco un antes y un después en la fotografÃa polÃtica. Los dÃas transcurrirán tranquilamente para este maestro, pero en un viaje a Rumania, en busca de imágenes buscando costumbres y rasgos tÃpicos de las culturas gitanas, se topo con la invasión a Praga. Los tanques del Pacto de Varsovia entraban en la capital Checa y este fotógrafo se encontró en el momento justo y el lugar indicado, tan solo tuvo que hacer funcionar su arma fotográfica, y dejar registrado en su lente, las imágenes que luego darÃan la vuelta al mundo.
Su misión fue retratar en tan solo 10 dÃas, lo ocurrido en las calles de Praga. Pasando desapercibido en la multitud, el desastre que veÃan sus ojos, este grande la imagen, decidió guardarlo para el resto del mundo. Todos los negativos, los mantuvo guardados, y decidió enviarlos en forma anónima, a la agencia Magnum, dirigida por entonces por flamante Eliot Erwitt, que esta hábil a su instinto de halcón de noticias decidió distribuirlo por el preciado mundo grafico, y las imágenes rápidamente se plasmaron en todos los paÃses.
El fotógrafo, oculto su identidad ya que corrÃa grave peligro, debido que se ponÃa en evidencia la destrucción de una ciudad, luego de un tiempo, 16 años después se aria cargo de las instantáneas que reflejaban la invasión a Praga.
El derrumbe de una ‘primavera’
1968 fue sÃmbolo de cambio en Europa. Las viejas instituciones, ya obsoletas, temblaron ante el fragor de las protestas por todo el mundo. Y Praga no fue menos. En enero el reformista Alexander Dubcek accedÃa al poder, dando paso a medidas de corte liberalizador. Entre ellas la libertad religiosa, el derecho de huelga o la igualdad entre checos y eslavos.
El ‘socialismo de rostro humano’ que imperaba en Checoslovaquia trajo consigo la proliferación de asociaciones y periódicos por todo el paÃs. Koudelka, dedicado en pleno a la fotografÃa desde que abandonó su trabajo de ingeniero aeronáutico, formaba parte de la Unión de Artistas Checoslovacos, quienes lo premiaron por la calidad y originalidad de sus fotografÃas de teatro.
