Praga: Colorin-colorado
A orillas del río Moldava, se levanta y crece una ciudad mágica llamada Praga que se forma mediante distintas construcciones mesclando un estilo Barroco que se superponen a la etapa renacentista, el art noveau o el cubismo que se forma mediante una extensa franja que se prolonga desde la Ciudad Vieja hasta las colinas del Castillo Real.
Como su nombre lo indica, la Ciudad Vieja (Stare Mesto) es el sitio más antiguo: allí tuvo lugar el asentamiento original de Praga, hasta que en el siglo XIV Carlos IV expandió el territorio con la fundación de la Ciudad Nueva.
El cielo y la tierra se entremezclan en las calles coloridas de esta ciudad que marca el comienzo de un viaje maravillo, sin final. Sus colores, fríos, y cálidos, conviven y se enredan unos con otros formando nuevas tonalidades. El reflejo de las luces, forman nuevas imágenes que se van distorsionado con su cambiante rio. El aire fresco de la noche, a acompaña al caminante a surcar sus pequeñas calles de historia, manteniéndose abrigado por su pesar histórico, de arte y vida.
Sus colores predominante son los ocres, estos le dan esa calides tan buscada en los viajantes que desean sentirse cálidos como en sus hogares. Un lugar maravilloso sostenido en el tiempo, manteniéndose como un roble, de algún bosque encantado.
En esta ciudad la importancia, es conocer todas sus funcionalidades para saber bien en qué consiste este nuevo mundo, lleno de magia y fantasía que se meterá en nuestra mente sin poder salir de nuestra imaginación.
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